BESEFER JAIM – En el Libro de la Vida
Cuentos y Literatura judía

 

Los textos escogidos se refieren al significado de Janucá en el entorno diaspórico. El sentido de la fiesta debe ser definido por valores propios y no por comparación. Ello implica comprender cuáles son esos valores, los que compartimos con la tradición judía y también los personales, los íntimos, los que elegimos por convicción luego de aprender, preguntar, comprender, sopesar y elegir, no por mera repetición de costumbres familiares cuyo significado desconocemos. Con respecto al entorno cultural del judío de la Diáspora, Leo Trepp comenta que los padres judíos no deben tratar de compensar en Janucá a sus hijos con regalos fastuosos ni con el árbol tradicional, preservando dichas costumbres para quienes festejan la Navidad. Diciembre trae una ocasión para mejorar la comprensión con nuestros amigos de otros credos (benditos seamos ellos y nosotros por comprometer nuestras vidas para lograr un mundo mejor). En palabras de Trepp, podemos invitarlos a “compartir las horas dichosas que la fe judía puede ofrecer al alma humana” y a la vez, ser convidados por ellos “a compartir la felicidad que inunda sus hogares y surge de las fuentes de la fe”. La persona es y se define en comunidad, pero ser gregario no basta. Viviendo en un entorno cultural no judío, hay que plantear qué y por qué estamos festejando. Festejamos para comprender quiénes somos y quiénes queremos ser.

 

Qué festejamos cuando festejamos

El mundo en que vivo -y otro no hay-, es decir todo el mundo, está bajo la impronta que unos consideran helénica; otros, romana, pero que finalmente es cristiana, con todos los elementos que pueda integrar dentro de sí, entre ellos las raíces judaicas, por cierto.

 

Hablábamos del espíritu.

 

Abraham Kariv, crítico literario israelí, se pregunta: “En nuestros días siempre que se habla de valores en el Tanaj (Biblia) se alude a los profetas. Casi no escuché que se mencionara la Torá de Moisés (…) Temo que en esto también haya habido una influencia extraña. Los teólogos cristianos rinden culto a los profetas puesto que imaginan encontrar en ellos alusiones a su mesías. Y sin saberlo también nosotros bailamos en este punto al ritmo de su música. Porque la verdad es que los valores básicos de Israel se hallan en Jumash (Torá).”

 

Un episodio de la Torá le sirve de símbolo para nuestra problemática: el relativo a la vida de Jacob. El patriarca, en el exilio de su hogar, se acuesta a dormir en el camino y en sueños ve una escala que asciende al cielo. Por ella suben y bajan ángeles divinos, y en el extremo superior de la escala está D- s.

 

Imagina Kariv que toda cultura es como esta escalera, que tiene peldaños superiores e inferiores, “y en toda cultura debemos fijarnos adónde llega el extremo de la escala”. Hay escaleras que aspiran a la libertad, el bienestar, una sociedad justa; son bellas, pero carecen de altura. La escalera que armaron los griegos concluía en el olimpo. “El Olimpo es una alta montaña, pero invisible al ojo humano, asequible. La escalera del judaísmo aspira a lo invisible, inasequible, inmarcesible, del suelo al cielo, in-finita. Esto exige del hombre un ascenso interminable”.

 

La persona que más influyó en mi infancia -y de ahí, en mi vida, tal vez- fue mi abuelo materno.
Él me decía: “-Tienes que ser judío, porque cristiano serás de todas maneras”.

De chico, yo no entendía la frase.

 

De grande no sólo la entendí, sino que cada día se me hace más clara: el mundo en que vivimos, cualquiera sea el -ismo que usted guste profesar en su discurso oficial, es cristiano. Aun para los ateos. Aun para Bertrand Russell, que con tanta furia atacaba al cristianismo.

 

No se lo puede eludir. La cultura, los valores, las maneras, las actitudes, los modos, son cristianos.
“-Tienes que ser judío, porque cristiano serás de todas maneras.”- decía mi abuelo, y aunque era considerablemente inculto, era un genio. Tenía el don del que carece tanta gente culta: mi abuelo pensaba.

 

Jaime Barylko

Acerca del autor: Nació en Buenos Aires en 1936 y falleció en esta ciudad el 24 de diciembre de 2002. Escritor, docente y prolífico divulgador de la cultura judía. Licenciado en Letras y en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires, Doctor en Filosofía de la Universidad Nacional de La Plata, con estudios de posgrado en Educación en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Profesor en la Universidad de Belgrano, asesor del CONICET y del Ministerio de Educación. El párrafo escogido se encuentra en dos libros del autor:" Judío, el ser en crisis" y "Los judaísmos del siglo XX".



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